Claudia, mi querida hermana. Llevo ya una semana en Acre sano y salvo y muy animado pero preparado para lo peor. Los hombres y mujeres que me han dado aquí cobijo también me han advertido que el camino hacia Masyaf está tomado por mercenarios y bandidos que no son de estas tierras, no me atrevo a aventurar lo que eso significa. Cuando partí de Roma hace diez meses lo hice con un único fin, descubrir lo que no pudo hacer nuestro padre. En una carta escrita un año antes de nacer yo, menciona una biblioteca escondida bajo las piedras del castillo de Masyaf, un santuario lleno de inestimable sabiduría. ¿Qué encontraré cuando llegue allí?, ¿quién me recibirá?, ¿una hueste de templarios impacientes como más me temo?, ¿o nada más que el silbido de un frío y solitario viento?. Masyaf no ha albergado a los asesinos desde hace casi 300 años, podemos seguir reclamándolo como nuestro, somos bienvenidos allí... Ah, estoy harto de esta lucha Claudia, no por estar cansado sino porque nuestro conflicto avanza en una sola dirección, hacia el caos. Hoy tengo más preguntas que respuestas, por eso he llegado tan lejos, en busca de claridad, en busca de la sabiduría que dejo el gran Altair, para entender mejor el propósito de nuestra lucha y mi lugar en ella. Si me sucediera algo Claudia, si fallara mi habilidad o mi ambición me descarriara, no busques venganza ni represalias en mi nombre, pero lucha por continuar la búsqueda de la verdad para que todos puedan beneficiarse. Mi historia no es sino una de miles y el mundo no sufrirá porque acabe prematuramente.

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