Aya-tan era mi rival, pero además era mi amiga. Practicábamos tanto que no dormíamos. Nos criticaban en internet, y las personas nos molestaban. Ocultábamos nuestras lágrimas y cantábamos con una gran sonrisa delante de todos. Todas las vidas no tienen el mismo valor. La suya brilla miles de veces más suyas. ¡No los perdonaré!

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