Los Renegados creen que somos debiles. Un pueblo roto. Creen que huiremos como perros asustados... se equivocan. Lucharemos contra ellos hasta que explote la última trinchera y se dispare el último cañón. Lucharemos contra ellos en las calles hasta que se dispare el último tiro, y cuando no haya más munición, romperemos sus craneos con las piedras que pavimentan nuestra ciudad. Lucharemos contra ellos en los callejones hasta que nuestros nudillos estén sangrando, y nuestros estoques estén tirados en el suelo, rotos. Y cuando estemos rodeados y vencidos, heridos y sin esperanza; levantaremos nuestras cabezas desafiantes y escupiremos en sus caras. ¡Pero nunca, nunca nos rendiremos! ¡POR GILNEAS!

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