Ya lo sabía desde entonces… Sabía que era un desdichado sin fuerza. Tus puños no solo me dieron dolor… me lo dijeron, una dos, tres, veces… Una y otra vez: "Eres patético", "Eres débil", y me volví esa persona por completo. Pero ya no más… Por mí y por mis hermanos, yo no puedo serlo más, ya no seré débil o inútil… ¡No soy débil! ¡No daré pena!

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