- Cuando eras una paloma, solías venir por tu cuenta, algunas veces, ¿no? Te sentabas y abrías un libro, pero... solías mirarme a mí. Y yo reconocía esa mirada, era la misma mirada con la que mirabas a Rize.
- Haise... yo... era tan idiota.
- Entonces supongo que yo soy más idiota, por alegrarme de que me miraran así.

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