La caza empieza, la mañana es brillante y gris, los campos están fragantes y los bosques verdes. Soltadlos ya y que ladren, me dijeron, aquí; a las horas muertas de la noche, miles de diablos, el siseo de miles de serpientes, diez mil sapos inflados, tantos como erizos, emitirán tan temibles y confusos gritos.
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